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Revista de Noviembre

La red, una mina de oro de la Industria del sexo

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No hace falta hacer una investigación profunda para saber que la red se ha convertido en el mejor aliado del sexo. Sólo Google reporta 950 mil páginas de sexo, de las cuales 730 mil, se activan al introducir el Pin de nuestra tarjeta de crédito. Lo más curioso del caso, es que cada año se abren unas 12 mil página más de pago, ya sea de grandes o mini inversionistas.

 

Por: Yaribeth Vásquez

 

Algunos se preguntarán ¿por qué pagar por sexo virtual si hay un sinfín de páginas gratuitas donde uno puede hablar de sexo o ver los más ardientes y excitantes videos pornográficos? Pues, les informo que una investigación hecha por la Universidad de Pensinvalnia, revela que las páginas gratuitas son creadas estratégicamente por los mismos empresarios que están tras las páginas pagadas. No permiten que el cibernautas pueda tener acceso a todo lo que la red puede ofrecer en lo que respeta a sexo, sólo te da una probadita para que te atrevas a pagar por ver más.

La logística es seducir, enganchar al cibernauta hasta llevarlo casi hipnotizado, a disfrutar de los beneficios de un negocio millonario, que les ofrece el más preciado de los valores: el anonimato.

Hombres y mujeres son amaestrados y contratados por estas industrias para conocer el arte del sexo virtual. Algunos empresarios optan por tener una oficina donde puedan operar estos Gurús del sexo; pero la mayoría, sólo invierte en la plataforma que estas seductoras personas tienen que instalar en su computador personal para hacer el trabajo –a cualquier hora del día o de la noche- desde la comunidad de su hogar.

Ahora, sexo virtual no se enfoca solamente en la web. La industria se ha tomado todas las formas posibles de tener sexo sin tener que llegar al contacto físico. Haciendo uso, por ejemplo, de la línea telefónica. Por este medio, la persona puede optar – al igual que con la Internet- por solicitar videos, fotografías o mantener una conversación caliente a través de chats o de audio directo.

Incluso, se han creado juegos en la red como el Naughty America: The Game, donde la gente entra bajo el amparo de un nickname (apodo), se crea un muñequito que tenga parecido con su apariencia personal y disfruta de conocer a otra persona a través de los diferentes escenarios que crea el juego como parques, discotecas, fiestas, etc.

En Panamá, un negocio en auge

Cree usted que este tipo de negocios no se realiza en Panamá? Sólo basta con ver los anuncios publicitarios nocturnos, instando a hombres y mujeres a llamar a una línea telefónica de pago por obtener un poco de diversión o placer.

También está la agencia International Internet Service, que capta personas para convertirlas en Gurús de sexo por la web. ¿El único objetivo de éstos? Vender pornografía a todo aquel que navegue, de la manera más inocente, incluyendo nacionales e internacionales. Este negocio también tiene su lado oscuro. No crea que del otro lado de la pantalla siempre está - en carne y hueso- la imagen de la despampanante chica o del irresistible chico en la pantalla de su computador convenciéndolo de que no se arrepentirá de invertir unos cuantos reales por descubrir lo que tiene para ofrecerle.

¿Por qué se lo digo? Pues, el negocio de venta de membresía porno por Internet, está siendo realizado en Panamá por muchos jóvenes recién graduados de secundaria. Por ejemplo, dice Hugo González que trabaja para la compañía Panamá Chat, que no se nos permite venderle a panameños, ya que la empresa –que tiene oficinas en Filipinas y Estados Unidos– mantiene una sucursal en el país y no sería conveniente en el caso de que se presente algún conflicto con algún usuario.

Y Cómo lo hacen?

Los chicos que laboran para ellos deben saber utilizar mapas virtuales que los ubiquen en cualquier ciudad o barrio de cualquier país. “Si hablo con un chileno le digo que vivo allá, si me habla de un lugar específico, lo ubico en el mapa y le menciono una ciudad cercana. Eso derrumba el muro de hielo porque siente que estoy cerca, que soy alcanzable”, explica Hugo, de 18 años.

También es necesario que se conozcan o tengan a la mano el perfil de la chica o chico que utilizan para seducir al usuario, para si éste pregunta algo, se le pueda responder en el acto y sin titubear.

En resumidas, se crean un perfil de una persona X que tiene Hi Fi, msn, Facebook con fotos sensuales donde aparece con amistades en situaciones comunes. Todo para que te comas el cuento de que estás hablando con una persona real, que está al alcance de tu mano.

Hugo y Analisa Solís, quien labora para la empresa Chat Sex Live, comentan que lo único que ellos le dicen al usuario es que por comprar una membresía se le cargará a su tarjeta de crédito cuatro dólares con 99 centésimos. Pero no se le dice que si en un lapso de 24 horas no cancela la membresía –que por lo general nadie lo hace– automáticamente se le cobrará a su tarjeta la afiliación por un mes, que tiene un costo de 45 dólares. Tampoco se le dice al cliente que por cada foto o video que abra en la página porno a la que tiene acceso con la membresía se le cobrarán dos dólares con 99 centésimos por minuto; es decir, que si permanece una hora, podría gastar de su tarjeta fácilmente 179 dólares con 40 centésimos. “Uno cree que la gente no pasa la tarjeta, pero sí lo hacen. Tengo compañeros que hacen en un solo día 21 ventas; ¡imagínate!”, sostiene Hugo.

Sin embargo, al final, todo termina siendo legal porque la página web siempre dice, en letras muy pequeñas, cómo se le van a cargar los cobros a sus cuentas. Si por el grado de excitación no lo llega a leer, será sólo su responsabilidad.

Ganancias bajo el telón del anonimato

Estos chicos también ganan, pues, les pagan 20 dólares por cada enganche que hagan. En resumen, el negocio es redondo y rentable, ya que el empresario le paga a su personal por la cantidad de enganches, lo que motiva a que el personal se esfuerce por dar más para ser el As del negocio.

El personal puede trabajar desde su casa sin problemas, y esta es la razón, por la que muchos se aventuran a prostituirse virtualmente. Se gana dinero, no hay riesgo de contagio, ganan los clientes que quieren desvocarse en el mundo del sexo, sin tener que pensar en el pudor, el empresario gana y al final, todo se desvanece en el limbo del ciberespacio.

Pero ¿cómo llegó el sexo virtual a apoderarse de las mentes del 16% de la población mundial? Según Brian Brown, psicólogo - sexólogo, la respuesta es sencilla: el ser humano siempre está deseoso de experimentar una aventura sexual, bajo el telón del anonimato.